Ilustración: Carlos Simón

Pasaban cinco minutos de la medianoche y Elisa observaba aterrada el rellano a través de la mirilla de la puerta. Sólo llevaba puesta la camiseta roja desgastada con la que dormía y todo su cuerpo tenía la piel de gallina. Y no por el frío, que apenas percibía, sino por el espanto que estaba presenciando en temerario secreto. Su piel estaba reaccionando ante una gran amenaza que, para su desgracia, estaba muy próxima. Tan cerca se situaba del peligro que se obligó, para no ser descubierta, a respirar despacio para lograr expiraciones imperceptibles y a permanecer inmóvil, a pesar de…


Fotografía: Esther Paredes

¿Tienes miedo, Sara? Deberías.

Buscamos sentirnos seguros en nuestro hogar. Por eso, cuando llega la noche y el silencio espeso se instala como una niebla viva que recorre los pasillos y los dormitorios, queremos creer que las sábanas nos protegen de las garras y de los dientes de aquellos que no han sido invitados. Actuamos como si la cama fuese un perímetro impenetrable y la lámpara de la mesita de noche, un cañón capaz de desintegrar las sombras que recorren las paredes o se asoman de debajo de la cama. …


Fotografía: Esther Paredes

Ana observó su reflejo en el escaparate de la tienda de ropa. Sí, había acertado poniéndose ese gorro de lana granate. Su pelo rizado y moreno, que le cubría la mitad de la espalda, sobresalía de él y se movía al son de sus pasos. Recordó cómo le gustaba a Marcos acariciarle los rizos en silencio. En esos silencios llenos de tiempo, de sosiego, que compartían los dos sentados en el banco de cualquier parque o en los escalones de cualquier plaza. En esos silencios, lo importante no era el lugar, sino su amor.

Unas semanas atrás, Marcos dejó de…


Fotografía de Esther Paredes

Relato ganador del 2º Premio del I Certamen Literario “Entre tus páginas y las mías”

Envuelto en un halo de espesa soledad, se sitúa tan tieso en la acera que se le puede confundir con una farola negra cualquiera. Su rostro es un trozo de cristal opaco y, si se molestaran en observarle con atención, descubrirían que no alberga luz en su interior. Con los pies clavados en el cemento, aguarda a que el semáforo le dé permiso para cruzar de una vez.

Lleva las manos resguardadas en los bolsillos y aprieta contra él los brazos en un vano intento…


Relato finalista del “VI CONCURSO RELATO BREVE PROJECTE
LOC/AJUNTAMENT DE CORNELLÀ”

Fotografía de Esther Paredes Hernández

Tú y yo hablamos un día de ello. Cuando todavía éramos amigas. Recuerdo que el sol me hacía daño en la frente porque llevábamos demasiado tiempo metidas en el mar. Pero es que hacía un calor infernal y el agua se había convertido en nuestro paraíso particular.

Te comenté, es cierto que con algunos adornos porque no era capaz de enfrentarme a la verdad reflejada en tus ojos, que iba a marcharme.

— ¿De dónde te vas? — Querías parecer divertida, pero sonabas preocupada.

— De la vida. De…


Fotografía de Esther Paredes

La buscaba sin ocultar su desasosiego. La había perdido otras veces, eso era cierto, pero no recordaba otra ocasión en la que le hubiese costado tanto dar con ella. Se dejó caer exhausta y derrotada en el sofá. Había recorrido la casa, rincón a rincón, escondite tras escondite, varias veces. ¿Y si se había quedado atrapada para siempre?

Una ventana se abrió de golpe permitiendo la entrada al frío del invierno. Pedazos de hielo se introdujeron en su sangre cuando ella se protegió el rostro con los brazos. Y pese a que la escarcha se derritió en su corazón ardiente…


Fotografía de Esther Paredes

Me resulta mucho más sencillo hablar de la muerte que del amor. La muerte es simple de explicar: el tiempo se para, la luz se apaga, adiós. Y a partir de ahí, dejamos de ser conscientes de nuestra existencia. O no, pero si viajamos a algún punto del universo, en ese caso, nos darán la respuesta al misterio de la vida y la muerte volverá a ser fácil de entender.

Sin embargo, ay, amigos míos, el amor es otro cantar. No se destruye, no se diluye, se transforma como si fuese materia, pero es un sentimiento y se lo debería…


Fotografía de Esther Paredes

Iván no tenía por costumbre quedarse en casa un sábado por la noche. Y menos cuando su madre estaba de viaje y podía hacer lo que le diera la gana. Pero por mucho que costase creerlo, allí estaba. Tumbado en el sofá, con las zapatillas sucias de deporte puestas y como única luz el resplandor que emanaba de la pantalla del televisor. Apenas podía distinguirse en la oscuridad del salón su rostro aburrido.

Todo porque sus amigos estaban estudiando, el lunes siguiente comenzaban los exámenes finales. Suspiró enfadado y se dio la vuelta para observar fijamente el techo. La televisión…


Cerraba los ojos intentando concentrarse. Encontrar en algún rincón de su cerebro algo de luz y de silencio. Voces de personas invisibles y ruidos a los que no podía poner nombre se mezclaban entre sí tejiendo una tela de araña densa como la niebla. Estaba tumbada en la cama. Los ojos cerrados. Su corazón cansado e inquieto.

Su pecho desfallecía y respirar le producía un dolor profundo. Un dolor que reptaba clavando sus uñas en la carne queriendo alcanzar la garganta. El mundo se había vuelto confuso. La vida, extraña. …


Fotografía de Esther Paredes

Sujetó la manivela y supo lo que iba a suceder a continuación. Sintió la rabia en su mano y apretó el pedazo de metal agarrotando los dedos. Esa fuerza le ayudó a dar el portazo más sonoro del que fue capaz.

Que se escuchase bien que estaba herida. Que sus vecinos lo tuviesen claro. No podía gritar, pero sí hacer retumbar el marco de la puerta. Pronto entendió que no había sido suficiente y comenzó a dar patadas contra la madera. Alternando los pies para soportar el dolor.

Golpes. El sonido de la rabia.

No conseguía parar, como si aquello…

Esther Paredes Hernández

Escribo pequeñas historias, hilando fino, pinchándome los dedos porque no utilizo dedal. No me escondo: soy una cuentista.

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