Fotografía de Esther Paredes

La noche del sábado había caído sobre ella y no le permitía respirar. Lorena no sabía qué hora era, pero por la oscuridad del trozo de cielo que veía a través de la ventana de su habitación, la ciudad se había puesto el vestido nocturno. Resopló. La joven de 32 años tenía muy claro que esa cama de hospital era el único lugar en el que no debería estar. Había hartazgo y rabia en su boca. Sus amigas la estarían esperando para beber hasta que la risa fuese tan tonta que los demás las mirasen con lástima. Pero estaba allí…


Fotografía de Esther Paredes

Era domingo y Silvia se levantó temprano para disfrutar de un poco de libertad antes de que la casa se llenara con los juegos y las peleas de sus hijos. Intentando no hacer ruido, porque su marido Óscar todavía dormía, se vistió con un viejo pantalón de lana negro, se puso unos calcetines gordos y se calzó sus botas de piel marrón. Eran sus preferidas, las que utilizaba para explorar caminos que nadie transitaba y que desconocía a dónde la llevaban. Salió del dormitorio y, de camino a la escalera, se asomó a las habitaciones de los niños. Le gustaba…


A Marta le resultaba imposible recordar cuántas vueltas había dado en la cama y a qué hora se había soltado la sábana del colchón dejándole los pies al descubierto. Había pasado la noche alternando escalofríos y sudores, según su corazón asimilaba la tristeza por haber enterrado a su padre Emilio. Carlos, su hermano mayor, y ella se habían enfrentado al funeral recordando el dolor que les provocó la muerte de su madre, que desarrolló un fulminante cáncer de huesos, cuando eran muy jóvenes. …


Fotografía de Esther Paredes

A Héctor le resultaba cómico lo que estaba viviendo en el túnel del metro. Aunque, en realidad, no tenía ninguna gracia que las personas le mirasen con un desprecio tan descarado. ¿Con cuántas se había cruzado mientras recorría ese agujero subterráneo? ¿Cincuenta? ¿Cien? Todas ellas le observaban serias, con un gesto asqueado, así era cómo le juzgaban con sus ojos y sus labios. De acuerdo, sí, sólo durante unos segundos y después volvían a lo suyo… pero ¿por qué? Intentó mantener un ánimo positivo y restarle importancia. Sin embargo, no lo consiguió y Héctor acabó desmoronándose. Le resultó muy difícil…


Recuerdo con claridad que Lucía fue la primera persona que me habló de este libro que no es un libro, sino un exorcismo contra nosotros mismos.

Hasta hace tres años, la vida era normal y, aunque no resultaba sencilla, conocíamos las reglas para aprovecharla y poder decidir nuestro futuro. Lucía y yo llevábamos un par de semanas agobiadas por los exámenes finales y vivíamos en la biblioteca. Aquella tarde, mi amiga comenzó a bostezar, la falta de descanso le pasaba factura, y me contagió de tal manera que acabamos dando un recital de bostezos tan potentes que nos lloraron los…


Fotografía de Esther Paredes

Halloween, la noche de los muertos, era la noche del año que más inquietaba a Helena porque su pesadilla podía saltar sobre ella desde cualquier rincón. Con los años comprobó que, si conseguía estar en casa al caer el sol, podía mantenerse a salvo de ella. Quizás no servía de mucho, pero se compró una puerta acorazada a la que le añadió varios cerrojos extra.

Este año, Helena se había entretenido en el trabajo y la luna estaba en el cielo cuando salió de la oficina. Estaba muy enfadada consigo misma por haberse despistado justo ese día. Sin embargo, dejó…


Fotografía de Esther Paredes

El silencio nocturno se rompía a martillazos con el vaivén de la mecedora. De pie junto a la puerta entornada, descalza, Andrea no sentía frío pues estaba arropada por la oscuridad que se había apoderado de su casa. Había decidido descubrir por qué Sergio entraba en el dormitorio del bebé durante la noche. En realidad, no quería saberlo, le aterraba la idea, pero sólo podría salvarle afrontando la verdad.

Hacía casi un año que Sergio le propuso tener un bebé. Andrea tenía dudas, pero su marido argumentó que ser padre era muy importante para él y que esperaba que lo…


Ilustración: Carlos Simón

Pasaban cinco minutos de la medianoche y Elisa observaba aterrada el rellano a través de la mirilla de la puerta. Sólo llevaba puesta la camiseta roja desgastada con la que dormía y todo su cuerpo tenía la piel de gallina. Y no por el frío, que apenas percibía, sino por el espanto que estaba presenciando en temerario secreto. Su piel estaba reaccionando ante una gran amenaza que, para su desgracia, estaba muy próxima. Tan cerca se situaba del peligro que se obligó, para no ser descubierta, a respirar despacio para lograr expiraciones imperceptibles y a permanecer inmóvil, a pesar de…


Fotografía: Esther Paredes

¿Tienes miedo, Sara? Deberías.

Buscamos sentirnos seguros en nuestro hogar. Por eso, cuando llega la noche y el silencio espeso se instala como una niebla viva que recorre los pasillos y los dormitorios, queremos creer que las sábanas nos protegen de las garras y de los dientes de aquellos que no han sido invitados. Actuamos como si la cama fuese un perímetro impenetrable y la lámpara de la mesita de noche, un cañón capaz de desintegrar las sombras que recorren las paredes o se asoman de debajo de la cama. …


Fotografía: Esther Paredes

Ana observó su reflejo en el escaparate de la tienda de ropa. Sí, había acertado poniéndose ese gorro de lana granate. Su pelo rizado y moreno, que le cubría la mitad de la espalda, sobresalía de él y se movía al son de sus pasos. Recordó cómo le gustaba a Marcos acariciarle los rizos en silencio. En esos silencios llenos de tiempo, de sosiego, que compartían los dos sentados en el banco de cualquier parque o en los escalones de cualquier plaza. En esos silencios, lo importante no era el lugar, sino su amor.

Unas semanas atrás, Marcos dejó de…

Esther Paredes Hernández

Escribo pequeñas historias, hilando fino, pinchándome los dedos porque no utilizo dedal. No me escondo: soy una cuentista.

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